domingo, 24 de enero de 2016

Para James



Me da mucho gusto el avance en nuestra amistad y el hecho que hayas aceptado tutearme. Es una sensación muy agradable saber que puedo contar con alguien en el mundo. No te he hablado de muchas cosas de mi vida, pero creo que es tiempo de que sepas que es lo que ocurre a diario, más adelante en la carta lo haré.

Dices que los hombres que me visitaron suponen ser entidades pasivas, pero ¿qué debería hacer si regresan? Por otro lado, me quedo atónita ante la explicación del Otro Reino, sobre todo porque me ha traído recuerdos de sucesos peculiares que me comenzaron a ocurrir a raíz de conocer a la familia de Alfonso. Cuando conocí a Alfonso, él se encontraba estudiando en la universidad de Barcelona, fue amor a primera vista, como si nuestras almas se reconocieran y a los 3 meses de conocernos ya vivíamos juntos. Nos casamos al año. Cuando Alfonso terminó sus estudios me pidió mudarnos al pueblo de donde era originario, yo lo amaba mucho y quería complacerlo así que accedí. Nunca pensé que algo raro ocurriera, pero a pesar de que nos casamos 2 años antes de regresar a su pueblo natal, nunca conocí a su familia hasta que llegamos a ésta casa en la que me encuentro residiendo. Uno como mujer espera ser del agrado de la familia de su pareja así que imagínate mi desilusión cuando, al conocer a la familia de Alfonso, todos parecieron ofendidos por mi presencia y hacían notar su desagrado a cada momento. Alfonso hizo todo lo que pudo por defenderme y hacerme feliz, pero cuando él no estaba, sus familiares aprovechaban para hacerme saber, detalladamente, su innegable desapruebo ante nuestro matrimonio. Su insulto, bastante inusual y que nunca entendí, era "La del otro lado". Supongo que moriré sin entender nunca por qué fui tan odiada por la familia de Alfonso.

Cuando mi marido murió, desencadenó suceso tras suceso, uno más extraño que el anterior. Déjame hablarte sobre el día del accidente. Alfonso amaba el vino tinto, decía que no había mejor bebida para restaurar un mal día. Un domingo decidimos ir a un viñedo cerca de Torremolinos (el pueblo Natal de Alfonso), de regreso, íbamos manejando por una carretera recta, sin ninguna curva ni obstáculo a los lados, de repente, una luz azul nos cegó, cuando abrí los ojos recuerdo muchos árboles y más luz azul, perdí el conocimiento otra vez y cuando volví a abrirlos, me encontraba tirada fuera del carro, el carro estaba volteado y Alfonso exhalaba su último aliento. Traté desesperadamente de acercarme a él, pero mis piernas habían dejado de funcionar y me fue imposible. Estuvimos en esa carretera lo que parecieron horas. Su familia siempre me culpó a mí por su muerte, dijeron que era mi "otro lado" quien mató a Alfonso. Todos y cada uno de los familiares de Alfonso murieron mes tras mes. Entonces, me quedé sola en ésta casa, la única compañía que tengo son mis adorados perros (tengo 4 golden retriever) y las personas encargadas del servicio de la casa.

Cuando leí el nombre "Malaquias della Porta", recordé que lo había visto en el despacho de Alfonso, así que lo busqué y encontré el libro que te mando adjunto a ésta carta.

Puedo ver que tenemos muchos gustos en común, lo cual me causa un gran deleite y me emociona mucho pensar en tener un amigo como tú. Espero no haberte abrumado con mi historia, creo que entre más platico contigo más intriga comienzo a tener por muchas cosas que no he entendido durante mi vida.

Cuídate mucho James.

Elena Vasco.

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