domingo, 17 de enero de 2016

Para Elena

   Doy por servida mi necesidad de redención con sus amables palabras. 
Antes que nada más, quisiera añadir una disculpa secundaria, esta vez por la inusual tardanza de respuesta por mi parte, más adelante explico lo que sucedió.

   Sobre su pregunta: sin duda regresaría al mar, eventualmente lo haré. Déjeme aclara el hecho de que de decidido que mis últimos días de vida sean estrictamente compartidos con el viejo azul, su sabiduría eterna me guiará por el camino más bello a la eternidad...

  En cuanto a lo de la lectura, sí, suelo tener un gusto por la redacción incluso, sin embargo los libros y novelas que podría pensar que fueran, son en realidad articulos, enciclopedias, revistas, ensayos, estadísticas... esa es mi lectura. Aunque no presumo de ser un genio con los números, encuentro fascinante la lectura científica, incluso de la parte contraria. En resumen, entre más conozca a lo largo de mi vida, mejor.

   Sé que dije que daría una explicación acerca de mi desfase temporal parar la respuesta, he tenido unos días difíciles, déjeme aclarar. Todo sucedió una noche después que llegó su carta. Mis gatos, nobles bestias magistrales orgullosas, presintieron algo en cuanto abrí el paquete y tomé el diario de su esposo, perdieron la cabeza y se encorvaron endemoniados, jamás en mi vida los había visto tan asustados. Tuve que sacarlos de la habitación para que se calmaran. Supuse que se trataría de algún aroma impregnado en el viejo cuaderno, sin embargo, mi curiosidad se ensanchó cuando al día siguiente, leyendo la fascinante y casi indescifrable caligrafía que advierte de su esposo, recibí la visita de un viejo amigo que no veía en más de diez años. Maxwell Rosenthal, para ser precisos, un antiguo compañero de la universidad de Berlín, sin embargo, la jovial y eternamente sonriente presencia de mi amigo se vio envuelta en un oscuro semblante cuando aproximó su interés en el diario. No pensé que fuera más extraño, sino que también sentí una inquietante mirada que ocasionalmente le daba al libro mientras platicábamos. Al momento de irse, un par de horas después de llegar, noté que su característica sonrisa regresaba a su rostro, y se despidió alegremente como lo había hecho toda su vida. El día siguiente recibí noticia de la muerte de otro amigo con quien compartí la universidad, Alastair Lindt, aparentemente el hombre se había colgado desde el techo de su estudio, en circunstancias muy poco claras. He pasado los últimos días en diferentes lugares, incluida una agencia de viajes que mi amigo Al frecuentaba, pero no se resolvió de ninguna manera, ni una pista más que la palabra "Adimensional" escrita en su diario, en la pagina del mismo día que murió. Es muy probable que esa palabra haya sido su última escrita, así que pensé que trataba de consultar algo sobre física, pero no concuerda con sus intereses conocidos ¿Sabe? Él gustaba de la filosofía y el conocimiento alternativo. Dejando sin duda una enorme interrogante en todos nosotros. ¿Por qué añado lo de su muerte? Porque sucedió el mismo día que llegó el diario a mis manos. Si eso significa que todos estos argumentos que cito sin provocados por la presencia del diario en mi casa, abre un gran dilema sobre su valor real. Lo más curioso es que de dos días a hoy, no ha sucedido otra desgracia, y mis gatos se encuentran gozando de muy buen humor como siempre. No sé cómo explicar racionalmente esta situación, pero no dude que seguiré investigando todo lo que pueda. El contenido del diario es en sí, exquisito.

   Sobre lo del trato interpersonal, me gustaría añadir una cláusula especial, acepto la invitación de tutearte, con la condición de que oficialmente nos reconozcamos como amigos, he de aclarar que por mi educación, me es imposible tutear a alguien a quien no reconozco como amigo. Así que mi contrapropuesta es la siguiente: ¿Qué le parecería si nos convertimos en buenos amigos? Considero que la invitación puede ser origen de agradables experiencias y continua correspondencia entre ambos. Para eso necesitaremos conocernos más, quisiera saber sus gustos, sus disgustos, lo que le apasiona y lo que la desmotiva. Creo que una sólida base para comenzar una entrañable amistad es tener honestidad en cuanto a la edad, por mi parte declaro que mi edad actual es de 55 años bien vividos.

¿Qué edad tiene usted?


Sinceramente suyo.
J. M. Arlinghton.

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