Para Elena
Espero que te encuentres mejor. Hay que tener cuidado y sobre todo checar tu silla, no vaya a ser que padezca un imperfecto.
En efecto, la pérdida de un ser querido es un factor especial que influye en el desarrollo de cada quien, nos hiere, nos hace retroceder y nos hunde, pero de ese horrible rigor también nace la sabiduría, comprender que ya no tendrás a alguien contigo es sin duda el conocimiento más importante y horrible que podamos adquirir, lo mejor de estos casos es mantenerse firmes y portar con orgullo el estandarte del martirio. Porque el misterio más grande de la vida es la muerte, y debe afrontarse con valor (descifrar el misterio) solo así se puede solucionar la carga que deja el vacío de alguien que se ha ido.
Sobre mi familia, a mis 50 años de edad aún me impresiono de lo variopinta que es, déjame explicarte por qué; mis padres se conocieron en Bavaria en 1958, mi madre, Valeria Schumann tenía 15 años y mi padre, August Arlinghton 18, el romance floreció rápido, mi madre atendía una tienda de pieles y curtidos y mi padre estaba acompañando a mi abuelo en un viaje de negocios. Después de una larga y peligrosa aventura romántica en la posguerra, se casaron en 1963. Mi padre, regresó a la escuela y hasta terminó su carrera en antropología, mi madre ya no trabajó y se dedicó al hogar, pero cicatrizada por los horrores de la guerra, por muy extraordinario que suene. Mi hermana Elizabeth nació en 1970 y heredó el espíritu aventurero de mi padre así como la ternura y sofisticación de mi madre. Una criatura naturalmente inteligente, sin embargo dotada por una mortal suerte, en 1985, durante un viaje escolar a Madrid, España, tuvo la mala fortuna de estar presente durante el atentado terrorista en el restaurante El Descanso, por parte del estado islámico. Una desgracia lamentable, sin embargo fue a raíz de eso que comencé a frecuentar España, y es precisamente el lugar donde prefiero pasar mis vacaciones. Lo cual me lleva a resaltar la curiosa coincidencia...
En cuanto a tu familia, me parece entrañable tu historia, no cabe duda que tuviste la bendición de haber sido criada con amor, no hay duda que el amor familiar no tiene que ser forzosamente ligado a la sangre. Lamento lo sucedido con ellos, no imagino el dolor y el sufrimiento. Yo por fortuna aún tengo a mis padres conmigo, por muy imposible que parezca. Una pareja adorable de 73 y 76 años. Cada que puedo voy a visitarlos a Cheshire, donde pasé gran parte de mi infancia.
Sobre lo del adjunto no tengas cuidado, afortunadamente entre el diario de tu esposo y la enciclopedia que me has mandado (así como varios articulos más) me mantienen muy ocupado estos días. No sé a dónde llegaremos con todo esto pero no dudo que será algo fascinante.
Sinceramente suyo.
J. M. Arlinghton.
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