Para Elena
El mal tiempo también ha estado castigándonos últimamente, el servicio postal ha sido detenido de tan terribles que están los vientos. Enviaré esta carta en la primera oportunidad.
Tenerle miedo a los huracanes es algo tan lógico como evitar atrapar un erizo, recuerdo una vez que viajé a las Antillas, a visitar a uno de mis parientes, era época peligrosa para el mar, habíamos decidido mi hermana y yo de irnos en avioneta. Naturalmente no fue la mejor decisión que pudimos haber tomado. No sucedió nada particularmente desastroso, solo fue incómodo. Lo que sucedió la noche que llegamos es lo lamentable. Una avioneta había sido derribada por los vientos terribles que provenían desde el horizonte, no solo dándonos cuenta de lo afortunados que eramos en haber llegado con bien, sino que a la distancia se empezaba a apreciar una sombra cónica que azotaba el mar. Jamás lo olvidaré, estuve presente ante el nacimiento de un huracán. No sé ni qué nombre le pusieron ni nada más. Solo sé que esa noche tuvimos que pasarla en un supermercado. Nada cómodo, pero era el mejor lugar para resguardarse. Sin duda, apoyo tu desprecio hacia los huracanes, aunque debo añadir que yo encuentro fascinación en ellos, en las fuerzas de la naturaleza en general. Tanto poder y energía que descarga el planeta es digno de admirar.
Por otro lado, la familia de Alfonso no deja de sorprendernos, así que primero debemos atar cabos, investigar más, y encontrar pistas. No hay ningún misterio que no se pueda resolver. Empezaré buscando en directorios Irlandeses, tal vez encuentre algo. Cualquier cosa que sea, te la haré saber.
En efecto, las tapas son algo realmente interesante. No estoy seguro si las preparé de la forma adecuada pero han cobrado buen gusto en mi paladar. Aún ahora, con un caliente café con leche te agradezco haber compartido conmigo tan deliciosa comida. ¿Qué más sabes hacer?
Sinceramente tuyo.
J. M. Arlinghton.
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